Pensaba en lo positivo… en ser positivos.
Y en lo negativo… en vivir con lo malo.
El fútbol, espejo de los argentinos, nos pone de cuerpo y alma ante la realidad. Ante nuestra realidad.
Jugamos como vivimos… o, en realidad, vivimos como jugamos.
Y actuamos como entrenamos… siempre definimos en relación a lo que hicimos.
Si no entrenaste bien (en el oficio en el que sea), tiras la pelota afuera.
Los hombres de a pie, y ahora muchas mujeres también (pero sobre todo los varones), añoramos ser futbolistas y, después, pensamos cómo deberían hacer o dejar de hacer los entrenadores. Y en la tribuna, o frente a la TV o al dispositivo digital que sea, tenemos la solución a todos los males futboleros.
Pero no podemos modificar el ADN. Si un equipo te tiene de hijo… te tiene de hijo. Simple y letal.
Soy de Racing. Punto… y aparte.
A lo largo de 244 enfrentamientos oficiales, River registra 112 victorias y Racing ahora suma 69 triunfos; además 63 juegos terminaron empatados. Abrumador: 43 partidos de diferencia.
La lista de 21 enfrentamientos de eliminación directa entre Racing y River comenzó en 1908, con una polémica final por el ascenso, y llega hasta 2025, con el último choque por los cuartos de final de la Copa Argentina que profundizó la rivalidad, por el gol de Maxi Salas, un ex Racing.
La “Academia” tuvo una racha de 7 duelos ganados de manera consecutiva. La seguidilla, que comenzó en la Copa Escobar de 1949 y finalizó en la Copa Argentina de 2012, incluyó series que se mantienen en el recuerdo como la de las semifinales de la Supercopa de 1988 (2-1 gol de Néstor Fabbri de cabeza) y los octavos de final de la Libertadores de 1997.
Sin embargo, en los antecedentes más recientes la supremacía le correspondía (tiempo pasado) a River, que había ganado en los últimos tres cruces (antes del de anoche): los octavos de final de la Libertadores de 2018, la Supercopa Argentina de 2021 y los cuartos de final de la Copa Argentina de 2025.
Cada uno saque sus conclusiones. River tiene (tenía) de hijo a Racing.
Ahí está el asunto. En el fútbol (menos importante) o en la vida, pasa por cómo mires las cosas.
Vas a ganar y a perder, también a empatar.
“La paciencia es amarga, pero su fruto es dulce”, sostenía Juan Jacobo Rousseau.
River seguirá dominando en el historial a Racing. Está certificado.
Pero dese anoche, tengo la certeza que Racing no pierde más, nunca más, con River.
Usted y yo sabemos que, en fútbol, se pierde más de lo que se gana. La historia está en la manera de enfocar, de pensar, de idear, de trabajar, de gestar…
Racing tiene a un DT con sentido de pertenencia. Gustavo Adolfo Costas siente como vos… y como siente como vos también piensa como vos (si no sos hincha de Racing, también lo ves y lo querés).
Y ahí está el asunto.
En tiempos de referentes externos volátiles, que alguien sea genuino, casi no se encuentra: “Cuando nos metieron el 2-1 pensé que nos ganaban de nuevo con la camiseta”, declaró Costas, por la paternidad “Millonaria”.
Hay pocos auténticos. Que te diga que ganarle a River no compensa no haber ganado la Libertadores; como si Racing tuviera 25 copas y no una sola.
Eso es transformar el pasado y tocar el presente en una hermosa realidad. El tipo (Gustavo Costas) convence.
Convence por lo que dice y por lo que hace. Sobre todo, por lo que hace, y por cómo lo hace.
Gesta con hechos. Se inmola en las palabras, desde que llegó y declaró “basta de competir, acá hay que ganar”.
Esa manera de ser y de hacer está reservado para los grandes.
Desde anoche despejé mi única negatividad.
Racing a River le va a ganar siempre… y le va a ganar aunque pierda. Mientras Costas sea el DT, será así.
Sentido de pertenencia. Ese sentido que anda extraviado… en el fútbol, en el día a día…
Buenos y nobles referentes, eso hace falta, esos hacen falta… más afuera que adentro de la cancha.









