A 11 años de la desaparición y días del juicio, la familia de Abel Ortiz prefiere la verdad a la prisión perpetua

En este largo tiempo pasó de todo, la expareja del hombre y amante de un excomisario y otros policías fueron acusados de homicidio, luego absueltos. En una semana, solo tres de tantos sospechosos serán juzgados no por ese crimen, pero sí por hacer desaparecer al joven y otros delitos. El juicio tendrá 120 testigos. Los Ortiz creen que los imputados serán condenados y que en el debate alguien dirá la verdad sobre dónde está y qué hicieron con Abel.
16 de septiembre de 2025
Juan Roque, el padre de Abel, murió en diciembre de 2018 sin saber qué sucedió con su hijo.

Perpetua. Es la primera palabra que sale de la boca de los hermanos de Abel Ortiz cuando les preguntan sobre cuál sería una condena justa para la expareja del joven, la peluquera Alejandra Espinosa; su presunto amante, el excomisario Marcelo Acevedo y la amiga de ella, María Vázquez. Pero, cuando se toman unos segundos, respiran y recuerdan que ya transcurrieron once largos años de no saber qué pasó y dónde está su hermano “Pochi”, de vivir bajo esa incertidumbre y sufrimiento constante, inmediatamente, corrigen su respuesta y dicen: saber la verdad. Se aferran a la justicia divina, pero quieren creer y esperan que ahora la justicia terrenal se ponga, de una vez por todas de su lado, del lado de las víctimas, y logre que, en el juicio, que empezará exactamente en una semana, salga a la luz dónde está su hermano, el que extrañan a cada momento y por el que su madre llora todos los días.

Espinosa, Acevedo y Vázquez serán juzgados por “asociación ilícita”, un delito que rara vez llega a debate oral y, más difícil aún, de comprobar durante un juicio. Pero Marcela, Carolina, Valeria, Patricia y Ariel, cuatro de los nueve hermanos de Abel, están segurísimos de que hacia el final, cuando el secretario del Tribunal lea el veredicto, los tres serán condenados. Cuando el fiscal Ernesto Lutens hizo el requerimiento de penas solicitó ocho años de prisión para la peluquera y el exjefe de la Comisaría 9° y cinco para Vázquez. La pena mínima para ese delito son tres años y la máxima, diez.

“Desearíamos que fueran más severas, pero nosotros no somos la Justicia”, dijo Patricia y, ahí nomás, aclaró que hubiese preferido que los juzguen por el homicidio del joven y no por asociación ilícita. Pero esto “es lo que hay por ahora”, expresó casi conformándose. No obstante, remarcó que el hecho de que no hayan encontrado el cuerpo del joven para probar que fue asesinado eso «no quiere decir que no lo hayan matado”. Con mucho pesar, los Ortiz, coinciden en que él ya no está con vida, pero también con mucha convicción aseguran que Espinosa, Acevedo y Vázquez lo asesinaron.

Con la mirada triste, Carolina responde a esa pregunta: “Tenemos que aceptar esto (el juicio por asociación ilícita), porque de lo contrario no tendríamos nada”. El delito que podría valerle la cárcel al trío se da, según el Código Penal Argentino, cuando tres o más personas se organizan para cometer varios delitos. En su acusación, el fiscal que los investigó, Leandro Estrada, llegó a la conclusión de que, entre esos tantos delitos, está la desaparición forzada de Abel, la noche del 16 de septiembre de 2014.

“Tenemos la certeza desde el día uno que son ellos los culpables y también otros que quedaron en el camino. Se encargaron de ocultar pruebas y llenar de mentiras. Se burlaron no solo de nosotros, sino también de la sociedad, porque se creen impunes”, manifestó Valeria.

Entre muchas de esas personas que ayudaron a tapar todo están, aseguran, varios policías. De hecho, Marcela Rodríguez, una miembro de la Fuerza, estuvo procesada y luego fue sobreseída. También mencionaron al exjefe de la Brigada de Investigaciones, el comisario Juan Carlos Acevedo y el oficial principal Pablo Colautti, quienes en 2016 fueron detenidos por quedarse con drogas de un allanamiento, entre otros efectivos.

Los Ortiz no se olvidan de nada y de nadie. “Fácil, fueron como veinte policías que siempre pusieron palos en la rueda”, calculó Marcela. Eso y el hecho de que en un año y medio la causa estuvo en manos del exjuez de instrucción Contravencional, Santiago Ortiz, le allanaron el camino a esa banda de delincuentes para ocultar el crimen. Sostienen que el magistrado, al igual que casi todos en la Justicia no hizo nada, ni siquiera cuando denunciaron a Espinosa por amenazas.

Carolina recordó que la mujer llamaba a su madre Fermina y le decía: “Vieja de mie… te voy a cag… matando”. Luego la hija tomaba el teléfono y le decía a la peluquera que la iba a denunciar. Sin temor a nada, le contestaba “denúnciame, te voy a matar a ese viejo que tenés al lado”. “Estaba hablando de mi papá, que siempre estaba sentado en un sillón”, aclaró.

Ratificaron la denuncia por esas amenazas en tribunales, pero la causa prescribió porque el juez a cargo jamás llamó a declarar a nadie, remarcó.

Nadie en la Justicia hizo nada, aseguraron. “Si llegan a condenar a uno a cinco años, ni siquiera son los once años que hemos sufrido nosotros, porque la vida no es igual cuando un hermano desaparece y no sabes dónde está”, expresó Ariel. La pérdida de un alguien querido, a través de una desaparición, se convierte en un círculo que las personas que la padecen jamás cerrarán si no hallan a ese ser amado.

Treinta y nueve veces marcharon por las calles de Villa Mercedes pidiendo justicia por Abel. Viajaron dos veces al sur del país, a cualquier punto de Argentina cuando recibían el aviso de alguien que creyó haber visto a “Pochi” y hasta cavaron con palas en campos, en medio de la nada, en busca del cuerpo de su hermano de 29 años.

En esta larga peregrinación, vieron partir a muchos que los apoyaron en la lucha. “Perdimos a nuestro papá, a una sobrina, una cuñada, una abuela, una tía y hasta nuestra abogada murió el año pasado”, recordó con la voz quebrada y al borde del llanto Ariel. Todas esas perdonas se fueron de este mundo sin saber dónde está Abel.

Abel junto a su madre, Fermina. Los hijos dicen que todos los días la mujer clama por el joven.

Para la familia, en la Justicia no se salva nadie. El único que demostró integridad, honestidad y un trabajo incansable fue Leandro Estrada, subrayaron. El actual titular de la Fiscalía de Instrucción 2 de Villa Mercedes estuvo en todo. Cuando era juez de instrucción los procesó a todos por el homicidio de Ortiz. Después, cuando una Cámara Penal le revocó ese procesamiento, siguió la investigación y los procesó por asociación ilícita. Y ahora, en el juicio del próximo martes, será el fiscal. Desfilarán unos 120 testigos, estimó el letrado.

Aunque no creen en la justicia terrenal y sí fuertemente en la divina, esperan, quieren creer, que los jueces Sandra Ehrlich, María Zabala Chacur y José Flores harán lo correcto: condenarán a los tres acusados a la pena máxima y lograrán que, durante el debate oral, alguien, un acusado o un testigo, “cante” la verdad sobre dónde está Abel.

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