Entender el crimen de Anahí Micaela Robledo Yuvero implica comprender que, en ese brutal asesinato de 25 puñaladas, no hubo solo una víctima, sino dos. Según la teoría de los fiscales, Amado Raimundo Díaz no mató a la adolescente porque cargaba algo pura y exclusivamente contra ella, le arrebató salvajemente la vida para hacerle daño a su madre, Elisa Yuvero. Quería vengarse de ella porque la mujer cortó la relación amorosa que mantenía con él. Asesinó a la chica de 17 años y mató en vida a su madre. Elisa era la víctima a la que apuntó todo lo que hizo entre la madrugada y la mañana del 23 de mayo de 2024.
El juicio por ese femicidio por venganza está a unos días de finalizar, y los testigos que declaran no dejan de complicar y hundir cada vez más al hombre de 59 años. Esta semana una amiga íntima de la madre de Anahí dijo que Elisa le había confiado que Díaz no paraba de hostigarla. La perseguía, la llamaba constantemente, hasta llegó a telefonear a sus padres, como si la mujer fuera una adolescente, y luego, como un niño, le escribía “perdón” sobre el auto.
Al igual que Elisa, no fue una testigo que desarrolló sus respuestas. Por eso los fiscales Ernesto Lutens y Leandro Estrada tenían que insistirle con otras preguntas para que diera más precisiones. Aclaró que conoce a la madre de la chica hace 20 años. Tal es ese lazo de amistad que, a pesar de la personalidad reservada de Elisa, la testigo era su confidente.
Dijo que le narró cuando conoció a Díaz. Según le reveló, estaba contenta por iniciar esa nueva relación. “Me contó que era camionero, que viajaba mucho y que por eso se veían poco”, comentó. Lutens le consultó cuánto tiempo duró ese noviazgo, pero la mujer respondió imprecisa: “no mucho”.
Relató que la relación comenzó a quebrarse por los celos constantes del hombre hacia Elisa. A partir de entonces se convirtió en un vínculo de idas y vueltas. “La llamaba insistentemente. (El acusado) Llamaba hasta a los padres de ella y ella le decía que no era una adolescente como para que hiciera eso”, detalló.
Todo fue de mal en peor. Recordó que la madre de Anahí le confió que un día se levantó para ir a su trabajo, en un gimnasio del centro de Villa Mercedes, pero no pudo concurrir. “Le habían pinchado la rueda de su auto con un elemento metálico filoso”, refirió y dijo que su amiga sabía que el responsable había sido el acusado. Agregó que Díaz hasta la amenazó con publicar en las redes sociales “un video de ella en el gimnasio” que supuestamente había conseguido, a través de un amigo.
También le reveló que se sentía perseguida por el hombre y que, luego de todo lo que le hacía, le escribía “perdón” en el auto.
Hacia el final de su declaración, el fiscal instructor 4 apeló a su memoria y le pidió que se ubicara en el día del femicidio. “Alrededor de las tres de la tarde Elisa me llamó”, consiguió decir hasta que su voz perdió claridad. Empezó a llorar y no pudo parar de hacerlo hasta que terminó el interrogatorio y se retiró de la sala de juicios. “Me dice ‘Luli, Luli’. Yo pensé que me llamaba por el padre, que estaba enfermo y lo estaban por internar. ‘Luli está muerta, llena de sangre’, me dijo. Yo no entendía nada”, expresó.
Entre otros testigos también estuvo el de una vecina de la víctima y del acusado, que también vive en el barrio Jardín del Sur. La mujer tiene una lavandería y “Lalo”, como conocía al presunto femicida, era su cliente. Rememoró que la mañana del jueves 23 de mayo en cuestión, cerca del mediodía, el hombre fue sin previo aviso hasta su negocio. Le dejó una bolsa con varias prendas y le pidió si, por favor, podía tener todo eso limpio el mismo día.
“En la bolsa blanca de nylon había dos toallones, una toalla, un jean, una campera de abrigo, una remera mangas largas negra, una remera naranja, otra gris y una amarilla”, precisó. Dijo que revisó las pertenencias de su cliente, pero no notó nada raro.
A las 16 le envió un mensaje para avisarle que su pedido estaba limpio y planchado. Pero Díaz le contestó luego. Le respondió que “gracias”, pero que iba a pasar a buscar la bolsa más tarde. Para ese, entonces, el cadáver de Anahí ya había sido descubierto y la cuadra de la manzana 6050, por calle Marcelino Guiñazú, ya estaba llena de policías y médicos.
El debate oral podría terminar el miércoles. Pero antes de cerrar la etapa probatoria, en un intento por limpiar su imagen, Díaz anunció que desea dar su versión de lo que sucedió el día del crimen.