La presunta pareja que mató a una mujer y a su hija planeó todo, pero huyó sin un rumbo

Dayana Peralta y su novio Axel Criscito, según la teoría de la fiscalía, apuñalaron 70 veces a Vanesa Zanni y 66 a su hija adolescente, Tatiana. A la chica asesinada no “le daba buena espina” el hombre. Tras masacrarlas, escaparon y llegaron a la Ruta 55 y Circunvalación.
27 de diciembre de 2025
Dayana Macarena Peralta, de 21 años, presenta un "leve retraso madurativo".

Luz y oscuridad. El yin y el yang. El cielo y el infierno. La bondad y la maldad. Del primer lado se ubicaban Vanesa Zanni y su hija adolescente Tatiana Lucero Zanni. Del extremo opuesto están, sin lugar a duda, por lo menos de acuerdo a lo que indica la evidencia, Axel Emiliano Criscito y su novia Dayana Macarena Peralta. En la audiencia en la que las fiscales Gisela Milstein y Mariana Olguín imputaron a la pareja por matar con saña, alevosía, sobre seguro, de una manera tan cruenta que ya no se trataba de quitar dos vidas, sino de hacer sufrir a las víctimas hasta sus últimas bocanadas, dieron a conocer detalles que torna más insólito el doble crimen.

Madre e hija, en efecto, le permitieron a la joven acusada “con leve retraso madurativo” vivir 15 días en su humilde casa del barrio San José de Villa Mercedes. Pero solo por ese tiempo se comprometió a asumir su guarda, pues luego las Zanni se mudarían a la localidad bonaerense de Junín. Jamás se imaginaron que Peralta venía con un oscuro anexo: su novio. Mucho menos se les cruzó por la cabeza que, a pesar de estar dándoles semejante mano, un techo y comida, la pareja masacraría a la mujer con 70 puñaladas y a su hija con otras 66. Lo hicieron, después huyeron y su destino era un signo de pregunta sin respuesta.

Peralta, de 21 años, y Criscito, de 25, están imputados por “Doble homicidio doblemente agravado por ensañamiento y alevosía”. No hubo “leve retraso madurativo” que valiera para la presunta asesina. Estará, en principio, detenida en el calabozo de una comisaría de Villa Mercedes hasta el martes 30 junto a su novio, que está alojado en otra seccional. Cuando ese plazo de prórroga de los arrestos venza, la fiscal instructora 5 Gisela Milstein y su adjunta Mariana Olguín seguramente solicitarán la medida más severa que pueden requerir en esta etapa de la causa, es decir, la prisión preventiva.

Milstein relató, a través de las pruebas ya encontradas, la reconstrucción de cómo cometieron los dos asesinatos. A un margen del espíritu solidario de las víctimas, que participaban activamente en un comedor, Peralta no era una desconocida para ellas, sino que “era cuñada de otro hijo” de Zanni. A eso se le suma que la imputada no quería vivir más con su padrastro porque, según ella, el hombre la abusaba sexualmente. Y fue ella la que insistió con que quería “estar con Vanesa, estar con Vanesa”.

Así, a través de una guarda provisoria, otorgada por el Juzgado de Familia 2, a partir del jueves 11 Peralta comenzó a vivir, de manera provisoria, en el extremo sur de calle Leonismo Argentino. En lo que se instalaba la mujer empezó a frecuentar el lugar también su pareja. Estaba allí no un rato, sino horas, no quería irse y no lo hacía porque no quería estar un segundo separado de su “media naranja”.

“Mala Espina”

Zanni le permitió quedarse. Pero a Tatiana, de 13 años, la idea no le cuadraba nada. Había algo en él que le “daba mal espina”. No estaba equivocada. Alguna vez estuvo preso por robo y “es una persona violenta” que “nunca se sabe cómo puede reaccionar” cuando está al lado de otra persona, le comentó otra alta fuente a este medio.

Pese a ese instinto femenino que nunca falla de la adolescente, Criscito se quedó en la humilde vivienda, ubicada no muy lejos del Río Quinto. La casa tampoco era de las víctimas, Julieta Curti, la mejor amiga de la mujer asesinada, en julio les había prestado el domicilio para que estuvieran allí todo el tiempo que les hiciera falta. Madre e hija no pasaban un buen momento económico, tantas veces no tenían ni qué comer. Sin embargo, eso estaba a días de cambiar, dado que a la mujer le había surgido una propuesta de trabajo en Junín y hacia allá pensaba mudarse pasadas las fiestas.

Pero todo, sus planes, sus vidas se acabaron la madrugada del jueves 11. “El miércoles los cuatro, Zanni, su hija, Peralta y Criscito, estuvieron desde la tarde hasta la noche en lo de Curti”, quien vive a cuatro cuadras de la casa del doble crimen. De allí se fueron alrededor de la 1:30 del jueves.

Apenas arribaron a su domicilio, la víctima de 45 años se fue directo a su habitación a dormir. Su hija se recostó, pero no durmió. “Estaba chateando con su mejor amigo”, precisó la fiscal. El último mensaje de WhatsApp que la adolescente le mandó a su “hermanito”, como lo tenía agendado en su celular, fue a las 3:50. El otro chico siguió escribiéndole, pero ella jamás volvió a responder.

Todo indica que la primera en ser asesinada fue Zanni. Ella dormía. Ni siquiera tuvo oportunidad de defenderse. Gran parte de las 70 estocadas las tenía en un costado de su cuerpo, lo que confirma el hecho de que la mataron cuando estaba sumida en un profundo sueño. Seguidamente, fueron hasta el dormitorio de la chica.

Tatiana estaba despierta. E hizo lo que pudo cuando vio a Criscito y Peralta, endiablados, uno de ellos con un cuchillo de pescador con sangre fresca. Trató de protegerse, por eso su cadáver presentaba algunas heridas de defensa. Pero no pudo hacer mucho. Le clavaron el arma blanca casi la misma cantidad de veces que a su madre, como si para los homicidas el cansancio no existiera.

Una vecina escuchó voces y el claro grito de “¡soltame, no me pegues!” y llamó, de inmediato, al 911. Eran las 4:05. Alrededor de las 4:30 una patrulla del Comando Radioeléctrico y otros efectivos en motos arribaron para ver lo que sucedía allí. Desde la calle, no advirtieron ni escucharon nada que les resultara extraño. Se bajaron de sus vehículos y golpearon las palmas esperando que alguien respondiera.

Nada. Madre e hija ya estaban muertas. Pero sus verdugos escucharon la sirena, vieron la baliza azul en medio de tanta oscuridad y oyeron las palmas de los policías. Entraron en pánico. Aunque habían preparado una mochila, con ropa, otro cuchillo, sus documentos y una linterna, para huir en la negritud de la noche, abandonaron todo y escaparon, solo con lo puesto.

Se esfumaron por la parte trasera de la vivienda, corrieron, saltaron y sortearon las tupidas malezas de los baldíos de esa zona. Nadie volvió a verlos hasta las 20 de ese jueves. Un hombre, de apellido Leyes, que había partido de Villa Mercedes en dirección a Buena Esperanza se topó con la pareja en el cruce de Circunvalación y Ruta 55. Hacían dedo.

El conductor se ofreció a llevarlos hasta donde quisieran en su Citroën Berlingo. El testigo dijo que Criscito fue el único que habló, aunque luego se durmió gran parte del camino. Le contó que no tenían nada porque en su paso por Villa Mercedes les habían robado todo, que tenían mucha hambre y se dirigían a Mar del Plata a trabajar. Relató, más tarde, que era empleado rural. En un principio, la pareja le dijo al amable conductor que los acercara hasta el peaje, pero cuando Leyes le volvió a preguntar al imputado a dónde iban en verdad, él le respondió que a Buena Esperanza.

El conductor se ofreció, entonces, a acercarlos hacia esa localidad porque ese era también su destino. Primero el presunto asesino le contestó que no, y, después, que solo los dejara en la rotonda, situada en la entrada de la localidad. Así fue.

La noche del sábado cuando las fotos de Peralta y Criscito se hicieron virales en las redes sociales, como los principales sospechosos del doble crimen de Villa Mercedes, Leyes cayó en la cuenta de a quiénes había tenido a escasos centímetros, con quienes había charlado y recorrió unos 130 kilómetros en la oscuridad y desolación de ese viaje al sur provincial. Eran los dos asesinos a sangre fría que tanto buscaba la Policía.

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