Sabían desde hace un par de meses que el juicio que tanto esperaron contra la expareja de Abel Ortiz, la peluquera Alejandra Espinosa, el amante de ella, el excomisario Marcelo Acevedo y su amiga María Vázquez, sería a fines de septiembre. No sabían con exactitud cuándo. Nadie, ni el fiscal, ni el propio abogado de los Ortiz tenía bien presente la fecha. Ni siquiera el defensor del expolicía estaba al tanto de que el debate oral ya tenía fecha de inicio. Es más, lo negó olímpicamente en una consulta que le hizo Todo Un País hace algunas semanas. Se animó a decir que «NUNCA», así en mayúscula, fijaron fecha para el juicio por «asociación ilícita».
Pero el viernes pasado los voceros de prensa del Poder Judicial comunicaron que mañana (martes 23 de septiembre) empezará el tan anunciado debate oral contra los tres principales acusados de la desaparición forzada de Abel «Pochi» Ortiz.
Desde entonces los Ortiz cuentan los días, las horas y hasta los minutos. No es un relato exagerado. Así es, en verdad llevan una cuenta regresiva. Más cerca del inicio del juicio están y más se les acelera el pulso y el corazón les late con tanta fuerza, como si quisiera salir de sus pechos.
Están emocionados. Once largos años aguardaron por este momento. Treinta y nueve veces marcharon por las calles de Villa Mercedes en reclamo de Justicia, viajaron a lo largo y ancho del país en busca de su hermano de 29 años, que desapareció la tarde noche del 16 de septiembre de 2014.
Ariel, uno de los hermanos, tiene la piel más curtida. Trabaja como chofer para una casa funeraria. Está acostumbrado a ver cadáveres y hasta viajar solo con ataúdes detrás de él, hasta otras provincias para cremaciones. Pero cuando habla sobre su hermano y la convicción de que la verdad se impondrá ante la injusticia en este juicio a ese hombre de aspecto duro se le quiebra la voz y se le caen las lágrimas. Nunca estuvo más ansioso.
Son conscientes de que el debate oral no será rápido. «Va a ser eterno», le comentó una fuente judicial a este medio. Y es lógico pensar eso, con solo ver la lista de testigos que llamarán a declarar. Ciento veinte personas, en total. Además de los elementos probatorios que seguramente ventilarán, como llamadas telefónicas y mensajes de texto, videos, entre otras evidencias.
Durante 11 años soportaron de todo. No solo la falta de su hermano, sino las versiones que hicieron circular sobre él, historias que hasta pintaban a Abel de delincuente. Además de cargar con el peso de esa incertidumbre que duele, de no saber dónde está el más chico de los 10 hermanos, ese que como todos en su familia tiene el semblante de «buena gente», tuvieron que escuchar calumnias.
A lo largo de estos años, tuvieron que oír tantas versiones maliciosas que hasta tildaban de pistolero a Abel, también el rumor de que era gay y que por eso se había ido. Espinosa, en una entrevista exclusiva con esta periodista, llegó a decir que su relación sentimental con él se había acabado porque «era un vago» que se la pasaba «jugando con la play». Pero la peor versión fue aquella que sostenía que el joven se había subido a un techo y, desde allí, estaba a los tiros con el único fin de herir a un vecino adolescente del barrio Eva Perón.
Antes de la pandemia, en un reportaje que esta cronista le hizo a Hernán Echevarría, quien fue abogado de Acevedo, hasta se atrevió a decir que tal vez Abel estaba «en alguna playa, lo más bien». Como si de un día para el otro, de la nada, decidiera alejarse de su familia a quien tanto amaba. Desaparecer como si nada fuese, cruelmente sin avisarle a sus seres queridos que todavía lo lloran.
Espinosa, Acevedo y Vázquez serán juzgados por “asociación ilícita”, un delito que rara vez llega a debate y, más difícil aún, de comprobar durante un juicio. Cuando la causa fue elevada a juicio el fiscal Ernesto Lutens solicitó ocho años de prisión para la peluquera y el exjefe de la Comisaría 9° y cinco, para Vázquez.
Los tres acusados, junto a otros que también eran policías, llegaron a estar procesados por el homicidio. Pero esa acusación no prosperó hasta esta instancia de debate oral, cayó antes con las innumerables apelaciones que los abogados de los sospechosos presentaron en las Cámaras.

La asociación ilícita es un delito menor si se lo considera respecto a la cantidad de años que puede implicar una pena. La escala punitiva va desde los dos años hasta los 10. Habrá que ver si Leandro Estrada, quien será fiscal de juicio, mantiene ese requerimiento o lo aumenta. Es un caso particular para quien además es fiscal de instrucción. El letrado procesó a Espinosa, Vázquez, Acevedo y a otros tres por el asesinato de Abel hace años, cuando era juez de instrucción y, cuando esa causa se cayó, volvió a procesarlos por asociación ilícita. Estrada estuvo en todo.
Los únicos que llegarán a la sala de juicio como personas libres son Vázquez y Acevedo. Espinosa, en cambio, arribará esposada y escoltada por la policía. Pues entre los tantos delitos que le imputaron en el pasado está el de tratar de matar a tiros a ese vecino adolescente, cuyo intento de homicidio algunos después quisieron endilgarle a Abel, cuando él ya hacía mucho tiempo había desaparecido.
Según el Código Penal Argentino, la asociación ilícita es un grupo compuesto por tres o más personas que se organizan para cometer varios delitos. En este caso, uno de esos delitos es la desaparición forzosa de «Pochi».
Los Ortiz quieren justicia ya, pero esperaron 11 largos años, no tienen ningún problema en aguardar el tiempo que demande el debate. Solo anhelan una cosa: saber, de una vez por todas, la verdad. Que alguien les diga o que surja durante este procedimiento que será el juicio del año: ¿dónde está Abel?.
Lucharon por la verdad y la justicia más de una década. Se la merecen. Aunque lo justo, en realidad, hubiera sido que nunca hayan tenido que pasar por esto, por la desaparición de un ser amado.
Merecen la verdad y también mucho de la Justicia, que ya tiene una gran deuda con ellos, aunque hay tanto que jamás podrá devolverles.